Ramiro Sinsombra (I)
Ramiro era pequeño cuando se dio cuenta.
Sin embargo nunca le dio importancia hasta que sus amigos, su familia se lo dijeron.
A él no le importaba al principio, suponía que estaba dentro de la normalidad. Quizás cuando tenía 10 años e iba caminando al colegio, y se daba cuenta que sus amigos le miraban constantemente, fue cuando debía haberse fijado en ese detalle. Pequeño gran detalle.

Sin embargo Ramiro, era feliz, ¿por qué no podía caminar sin sombra? ¿qué importancia tenía eso? Sus familiares comentaban a sus espaldas "pobrecito, mirale, tan pequeño y sin sombra" pero él que se hacía el tonto para que no notasen que escuchaba, se tragaba una y otra vez esos comentarios.
Ramiro era un chico saludable, sanote, le encantaba salir por las tardes a la acequia en busca de ranas. Si bien era uno de los mejores cazando ranas en las charcas, su amigo Ginés era aún mejor. Él si tenía sombra.
-¿Donde vas esta tarde?- le comentó Ramiro a Ginés en la ñpuerta de su casa, pues había ido a buscarle.
-Mi madre dice que tengo que estudiar.
-Joder, pues podías venirte un rato. Luego estudias.- sugirió Ramiro.
-Pues ya, pero mi madre dice que si no estudio ahora no seré un hombre de provecho y cosas así. - Ginés lo decía sin estar convencido - ¿y si nos vemos después de estudiar?
- ¿pero a qué hora vas a acabar?
- Pues no se. Cuando acabe te busco.
- Bueno vale. Me voy y me buscas después. - Ramiro se fue dando patadas a alguna de las piedras que se interponían en su caminar.
Bajó la cuesta del pueblo, por la calle Mayor, en busca de las charcas, cerca del río. El pueblo no era grande, pero tan pequeño como para aburrirse. Tenía todo lo que un chico de 10 años podía necesitar. Sobre todo en verano daba mucho gusto el pueblo, el río, las choperas, y sobre todo lo que más se agradecía eran las sombras que proporcionaban los chopos a media tarde.
Ramiro, en su soledad de esa tarde, comenzó a tirar piedras por la superficie del río, y observaba como botaban encima del agua, como si fuesen de goma. Se sorprendía que un objeto tan pesado fuese capaz de volar por encima del agua, como si fuese una pluma. Todo era cuestión de habilidad, y en ocasiones conseguía hasta 15 botes encima del agua.
- El "sinsombras" - interrumpieron la paz de Ramiro unos gritos. - Ramitonto el invisible jajaja -
Ramiro, giró hacia las voces, pero lejos de quejarse y mandarles algún insulto, se concentraba en conseguir los 16 rebotes en el agua con sus piedras.
Una ligera brisa recorrió las choperas, agitando sus hojas y provocando un susurro. Ramiro miró a los chopos, a la cabeza de los chopos. Bajó poco a poco su mirada recorriendo la columna vertebral del tronco, llegó hasta la base y prosiguió la sombra del chopo que se erguía majestuosa hasta el río, el cual le provocaba un ligero vaivén que daba la sensación que la sombra poseía vida. Miró la piedra que tenía en la mano y la lanzó hacia el agua, de tal suerte que consiguió 16 rebotes.



