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Ramiro Sinsombra (III)

por ASoko
sábado, 26 de abril del 2008 a las 17:01

Al final se les hizo tarde, y Ginés tuvo que soportar entonces los azotes de su madre en el trasero con la zapatilla.

-¡¡ Te he dicho mil veces que no me mientas ¡¡

- Si es que nos entretuvimos en la charca, mamá- gritaba Ginés con la lágrima en los ojos.

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- Ya, si, excusas. Como no te pongas a estudiar te vas a quedar castigado hasta que acabes la mili. Nunca serás un hombre de provecho como no estudies.

Ginés conocía de sobra el rapapolvos. Su madre siempre estaba con la misma historia. Tenía siempre la manía de convencerle que si no estudiaba no sería nada en la vida. Pero ¿por qué había que estudiar en la vida? ¿por qué no podía quedarse en su pueblo tranquilamente en la finca con su padre, viendo crecer el trigo el verano, sacando al ganado a pastar? Al fin y al cabo era lo que hacía su padre, y si su madre se había casado con él sería porque no era tan malo dedicarse a esa profesión. ¡Qué manía tenía de que estudiase!

En parte, Ginés, cuando llegaba la noche  pensaba en su futuro. Si en verdad estudiaba, tendría que irse fuera del pueblo cuando acabase el colegio. Irse fuera significaba entonces conocer nuevos amigos, vivir con otra familia, romper con la vida que hasta ahora le había tocado y a la que se había acostumbrado.

Ginés no consiguió conciliar el sueño esa noche. Cinco calles más abajo, Ramiro estaba apoyado en la ventana entreabierta de su habitación. Pensativo. Hacía calor y estaba sudando, por lo que decidió abrir completamente la ventana aun a riesgo de coger un resfriado. Su madre no le dejaba dormir con la ventana abierta, siempre le decía "ventana abierta y sudando, mal resfriado y estornudando". Pero esa noche necesitaba respirar. Miró al cielo, a la luna que brillaba.

Después se inclinó y miró a un árbol que tenía frente a su casa. Volvió a recorrer el tronco con su mirada y observó que con luna llena, los árboles tenían sombra. Oyó unas pisadas y vio como se acercaba un hombre hacia su casa. Era su padre. Venía de trabajar en la tierra de Don Gabriel.

Su padre era fuerte, alto y de voz grave. Pero todo lo que tenía de apariencia varonil, en casa se quedaba en segundo plano. La madre de Ramiro era la auténtica cabeza de familia. Ramiro, que sabía que debía dormir y que era de mala educación escuchar las conversaciones de los demás, fue hasta la puerta de su habitación y la entreabrió ligeramente.

- Don Gabriel me comenta que las cosas están algo difíciles en la finca.

- ¿qué ocurre? ¿vamos a tener que mudarnos?

- No lo se. - su padre miraba al suelo. Cogió un vaso y se sirvió un dedo de vino. - no lo se. ¿y Ramiro?

- Duerme ya.

- ¿Sabemos algo de lo suyo?

Su madre que estaba preparando la comida, dejó de pelar la patata que tenía entre sus manos. Suspiró.

- No hay nada nuevo. Esta mañana fui al médico y volvía preguntarse si había alguna noticia nueva de la capital. Pero me dijo que no. Que lo mejor era que no tuviéramos esperanza

Ramiro, se quedó extrañado. ¿al médico? ¿por qué había ido mi madre al médico? ¿qué le ocurría a él que no podían contarle?. Se quedó absorto en la conversación, sin darse cuenta que cada vez estaba más abierta la puerta de su habitación.

- El médico me ha comentado que su caso no es normal. No le encuentran explicación. Un hombre sin sombra,... - soltó una lágrima que se limpió con la toca - que un hombre sin sombra no es hombre. Debe ser cosa del diablo.

Julián, se levantó de la silla y abrazó por detrás a su mujer.

-Tranquila cariño, verás como se arregla. La medicina no lo sabe todo. Y seguro que..

- ¿seguro que qué Julián? - preguntó indignada su madre. - ¿no crees que deberíamos aceptar de una vez que no tiene cura? ¿qué no sabemos si algún día tu hijo tendrá sombra?

- no se trata de no aceptarlo, sino que intento aferrarme a una esperanza que algún día encontremos al menos una explicación. Prefiero morir pensando que podremos verlo algún día con sombra que morir en vida pensando que lo pierdo.

- Déjalo Julián. - Y siguió cortando las patatas, mientras sollozaba. - No lo vemos de la misma forma.

Achus ¡¡ - Ramiro estornudó y rápidamente ante el temor que le hubiesen oído sus padres saltó a la cama y se metió de nuevo bajo la sábana, a pesar de estar muerto de calor.

Oyó como unos pasos subían por la escalera hacia su habitación. El que estaba tumbado mirando hacia la ventana, oyó que alguien abría la puerta y se dirigía hacia la ventana. Con los ojos entreabiertos observó que su padre cerraba la ventana, abierta de par en par. Luego miró a Ramiro y le sonrió en la oscuridad. Se acercó a él y besó su frente. Estiró la sábana y volvió a sonreír. 

 En voz baja, mientras le arreglaba la sábana, le decía.

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- No te preocupes. Todo saldrá bien.

Le acarició la mejilla con su fuerte y áspera mano. Se levantó y salió, dejando cerrada la puerta.

Ramiro, que abrió los ojos de nuevo, oyó como los pasos se alejaban escalera abajo.

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Ramiro Sinsombra (II)

por ASoko
sábado, 26 de abril del 2008 a las 11:31

Se quedó pensativo en su récord. "Vaya he conseguido los 16 rebotes". Sonrió.

Decidió acercarse a la charca de las ranas, que así la llamaban dado que existían muchos de estos anfibios. Fue por el camino de tierra que iba paralelo al río. Eran las 5 de la tarde y hacía calor. Este verano hacía calor. Mientras caminaba observaba al pueblo desde abajo, veía las paredes blancas relucientes, que reflejaban el sol de la tarde. Desde abajo podía divisar el mirador que imponente oteaba todo el valle.

Pensó entonces  como puede tenerse una diferente visión de las cosas en función de donde te sitúes. Era curioso. Los días que a veces con Ginés y el resto de la pandilla se asomaban al mirador, eran capaces de divisar las grandes dimensiones del valle, incluso podían atisbar el pueblo más cercano. Observaban las águilas e incluso algún que otro buitre. Como daban vueltas y vueltas, ascendiendo por las columnas de aire caliente y buscando alguna presa en el bosque. Desde el mirador, todo parecía en tus manos, era amplia la mirada, pero la sensación era de dominar el mundo. Ahí, en el mirador, la pandilla era quien decidía el devenir de la vida. Era sentirse un Dios.

79913-63622.jpgDesde abajo, el pueblo se echaba encima, Ramiro en ocasiones podía llegar a sentir que el mundo le dominaba, que no era capaz de respirar en un ambiente tan pequeño. Desde abajo se planteaba a menudo si siempre seguiría en el pueblo. ¿Se marcharía alguna vez?

- Ramiro, espera- Se oyó un grito desde atrás.

Ginés, corría por el camino de tierra. - Espera  tío.

- ¿qué pasa? ¿No tenías que estudiar esta tarde? ´-

-Bah, he convencido a mi madre. Le he dicho que iba a estudiar contigo y que no volvería tarde. - Ginés puso la mano en el hombro de Ramiro. - ¿has cogido alguna rana?

- No. Iba para allá. Estaba antes en el río tirando piedras. ¿sabes? He conseguido 16 rebotes. - comentó sorprendido.

- Venga, vamos te echo una carrera a la charca.

Salieron corriendo por el camino, levantando polvo. Ginés, en el fondo, era más rápido, pero con el tiempo Ramiro se daba cuenta que podía ganarle, siempre que no esprintase mucho al principio. Era cuestión de mantener el ritmo y sorprenderle al final. Sin embargo, esta vez le volvió a ganar Ginés.

- Agfff. ¡Cuánto polvo! - se ahogaba Ramiro mientras apoyaba sus manos en las rodillas intentando coger aire.

Ginés comenzó a quitarse las zapatillas y la camiseta y se metió en la charca. Ramiro le siguió.

- Hoy tienen que haber un montón por los juncos esos de ahí. - sugirió Ramiro.

El croar de las ranas se oía intermitentemente. Conforme se acercaban, las ranas saltaban al agua huyendo de la cacería que se avecinaba. Mientras Ramiro comentaba.

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- Ginés, ¿tú te irás algún día del pueblo?

- Pues no se. Depende de mi padre.

- ¿y eso?

- Pues si me mandan a un instituto fuera o si me quedo a trabajar con mi padre en la finca.

- Ya pero ¿tú qué prefieres?

- No se. Aquí lo conoces todo, y siempre hay faena en el campo. ¿por qué lo preguntas?

- No sé. A veces pienso que algún día debería irme.

- ¿te ha picado un tábano o qué?

- No, no es eso.

- Ah ya, ¿es porque los idiotas estos se meten contigo?

- No lo sé. Dicen que no tengo sombra. Que soy invisible.

Ginés enmudeció. Se quedó dentro de la charca, mirando a los juncos. Sin decir nada. Su mirada estaba perdida. Ramiro le miró, buscando una respuesta. Esperaba que su amigo, su mejor amigo le dijese que no, que era todo mentira, que los demás eran idiotas y que solo lo hacía por reírse. Pero era más. En ese momento quería que Ginés le dijera por qué no tenía sombra y si eso era motivo para salir del pueblo, si al no tener sombra nunca podría casarse, o si nunca podría ir a alguna fiesta de un pueblo como hacían los mayores los fines de semana, o si eso significaba que algún día sus padres no estarían en casa. Ramiro quería respuestas.

Ginés le miró.

- ¿y de qué sirve la sombra? Yo no la uso para nada. - y le sonrió. - Mira ¡¡ que pedazo de sapo ¡¡

Y fueron a cogerlo.

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Ramiro Sinsombra (I)

por ASoko
sábado, 26 de abril del 2008 a las 10:18

Ramiro Sinsombra (I)

Ramiro era pequeño cuando se dio cuenta.

Sin embargo nunca le dio importancia hasta que sus amigos, su familia se lo dijeron.

A él no le importaba al principio, suponía que estaba dentro de la normalidad. Quizás cuando tenía 10 años e iba caminando al colegio, y se daba cuenta que sus amigos le miraban constantemente, fue cuando debía haberse fijado en ese detalle. Pequeño gran detalle.

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Sin embargo Ramiro, era feliz, ¿por qué no podía caminar sin sombra? ¿qué importancia tenía eso? Sus familiares comentaban a sus espaldas "pobrecito, mirale, tan pequeño y sin sombra" pero él que se hacía el tonto para que no notasen que escuchaba, se tragaba una y otra vez esos comentarios.

Ramiro era un chico saludable, sanote, le encantaba salir por las tardes a la acequia en busca de ranas. Si bien era uno de los mejores cazando ranas en las charcas, su amigo Ginés era aún mejor. Él si tenía sombra.

-¿Donde vas esta tarde?- le comentó Ramiro a Ginés en la ñpuerta de su casa, pues había ido a buscarle.

-Mi madre dice que tengo que estudiar.

-Joder, pues podías venirte un rato. Luego estudias.- sugirió Ramiro.

-Pues ya, pero mi madre dice que si no estudio ahora no seré un hombre de provecho y cosas así. - Ginés lo decía sin estar convencido - ¿y si nos vemos después de estudiar?

- ¿pero a qué hora vas a acabar?

- Pues no se. Cuando acabe te busco.

- Bueno vale. Me voy y me buscas después. - Ramiro se fue dando patadas a alguna de las piedras que se interponían en su caminar.

Bajó la cuesta del pueblo, por la calle Mayor, en busca de las charcas, cerca del río. El pueblo no era grande, pero tan pequeño como para aburrirse. Tenía todo lo que un chico de 10 años podía necesitar. Sobre todo en verano daba mucho gusto el pueblo, el río, las choperas, y sobre todo lo que más se agradecía eran las sombras que proporcionaban los chopos a media tarde.

Ramiro, en su soledad de esa tarde, comenzó a tirar piedras por la superficie del río, y observaba como botaban encima del agua, como si fuesen de goma. Se sorprendía que un objeto tan pesado fuese capaz de volar por encima del agua, como si fuese una pluma. Todo era cuestión de habilidad, y en ocasiones conseguía hasta 15 botes encima del agua.

- El "sinsombras" - interrumpieron la paz de Ramiro unos gritos. - Ramitonto el invisible jajaja -

Ramiro, giró hacia las voces, pero lejos de quejarse y mandarles algún insulto, se concentraba en conseguir los 16 rebotes en el agua con sus piedras.

Una ligera brisa recorrió las choperas, agitando sus hojas y provocando un susurro. Ramiro miró a los chopos, a la cabeza de los chopos. Bajó poco a poco su mirada recorriendo la columna vertebral del tronco, llegó hasta la base y prosiguió la sombra del chopo que se erguía majestuosa hasta el río, el cual le provocaba un ligero  vaivén que daba la sensación que la sombra poseía vida. Miró la piedra que tenía en la mano y la lanzó hacia el agua, de tal suerte que consiguió 16 rebotes.

Y si me ocurriese a mi

por ASoko
miércoles, 23 de abril del 2008 a las 15:51

Y si me ocurriese a mi

Y si me ocurriese a mi supongo que de primeras no sabría muy bien que decir.79120-63618.jpg

Imagino que tendría que poner cara de asustado, de no saber que será de mi, de no saber como tomarme ese asunto. Hablo de si un día me ocurriese que me dijeran que tengo cáncer. De algo. Da igual.

Esa enfermedad que supongo que nunca llega a tocarte, supongo que nunca serás el elegido...pero cuando ves a gente a tu alrededor que si han llamado a su puerta,... la cosa mosquea.

¿y que hacer entonces? Salgo del médico, seguro que iría con mi mujer, se hubiese echado a llorar aunque hubiera intentando aguantar los gemidos por todos los medios, hasta que reventase. Ya somos dos los que sabemos que llevaremos el cáncer con nosotros.  Montaríamos en el coche y no se si iría a mi casa a pensar simplemente o si me daría por ir al monte, bajo un árbol, a simplemente mirar el horizonte, a contemplar el mundo.

Quizás buscando una respuesta, mirando al cielo abierto a veces encontramos respuestas, pero dudo mucho que fuese capaz de verlas en ese momento. Pero por lo menos me relajaría, inspiraría fuertemente, y tragaría aire fresco, como preparándome para salir a un nuevo reto en la vida. Sería como una fase de preparación para un nuevo salto, para un nuevo desafío.

Abrazaría a mi mujer y seguramente la consoláría, y me diría a mi mismo, "te ha tocado". Maldeciría todo cuanto me hubiese ocurrido en la vida, y ante tanta pregunta sin respuesta, finalmente me desbordaría y lloraría.

Luego daríamos un paseo, por un camino, agarrados de la mano y pensando como plantearnos esta nueva vida. ¿como se lo diríamos a mis padres? ¿a la familia? Decidiría decírselo primero a mis hermanos, a los dos juntos, les diría "chicos esto es lo que hay, me ha tocado", y les advertiría que mejor no le digan nada a los papás, ya son mayores, de qué les vale volver a sufrir, ¿qué necesidad tienen?

Y a partir de ahí, compaginando el tratamiento creo que no me quedaría en mi casa. Sería el momento de arriesgar por primera vez en mi vida, de quizás, poder plantearme una excedencia en el trabajo, de olvidarme de la necesidad de trabajar para vivir, y de comenzar a vivir.

Entonces sería cuando saldría de mi comodidad, de renunciar a nada y a todo, de hacer lo que mi cuerpo me permitiese, haría el amor tanto como me dejasen los dolores, recorrería España en buscar de la esencia de mi espíritu, de una nueva vida, de recorrer caminos entre pueblos, lo que siempre he soñado, de ser un nómada, de ser un explorador de mi mismo. Haría el Camino de Santiago, la Ruta de la Plata, si pudiera..., aprendería todo lo que mi cabeza fuese capaz de asimialr, todo lo que siempre me había fascinado, crecería con mi mujer, tendría prisa por vivir, tendría prisa por parar el tiempo y por seguir disfrutando lo que la vida me ofrece, por seguir buscando superaciones; me marcaría nuevos retos, aquellos que harían mantenerme vivo....o quizás olvidarme de lo que me pasa por dentro....¿¿sería una huida??

Y me quedaría pensando. Y me jodería llegar a pensar, que quizás es ahora cuando estoy atrapado en una verdadera enfermedad, atado por el trabajo, por la rutina diaria, por el ritmo que la sociedad me impone, por no disponer de mi tiempo para mi, para disfrutar de lo que quiera, sino atado a unas pulsaciones que la vida y que esta sociedad te marcan.

Quizás vería entonces que antes estaba enfermo y que ahora sería cuando estaba sano, porque mi espíritu recobraría la vida, una vida que quizás antes nunca había tenido.

Y resultaría paradójico que cuando la sociedad determina que estás enfermo es cuando realmente te sientes....vivo.

Curioso.

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